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Los cariocas no pueden vivir sin el fútbol, la samba y las playas. Las playas
son un gran teatro del mundo, un lugar donde se busca el placer, donde se exalta
la belleza del cuerpo, donde se expresa la alegría de vivir a través de la
música, bailando o chutando con virtuosismo un balón en la arena. La playa anula
las contradicciones y problemas de la ciudad, que se deshacen al sol, donde
la pobreza de las favelas apenas se divisa entre los espacios libres de quedan en
medio de los rascacielos. Al ritual de la playa no renuncia ningún habitante de la ciudad.
En el sur de Brasil el clima es menos cálido y la vida parece más simple y más
fácil que en la gran selva hostil y misteriosa. Es la zona de la pampa, de los inmensos
llanos, un océano de hierba. Entre este paisaje variado se encuentran las cataratas de Iguazú.
En lengua tupi-guaraní, Iguazú significa "agua grande" y estas cataratas, que se extienden a
lo largo de tres kilómetros y poseen doscientos setenta y cinco saltos de agua, sin duda,
son las cascadas más imponentes del mundo.
El brasileño es un pueblo mixto surgido de la mezcla de los blancos europeos, de
los negros africanos descendientes de los esclavos y de las poblaciones indígenas. El mestizaje
de razas y tradiciones es la clave de la riqueza cultural del país.

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