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Brasil es
un país enorme y su música es muy variada. La música está por todas partes y forma parte
del alma brasileña. Para los brasileños la música es un pasaporte a la felicidad y, en el
siglo XX, una parte de ese paraíso llegó al mundo exterior causando más impacto en la
música popular internacional que cualquier otro país. Las diversas músicas brasileñas
comparten tres destacadas características: contienen un intenso lirismo que suele
producir melodías hermosas y muy expresivas; el alto nivel de poesía que hay en sus letras y,
también, los ritmos vibrantes afrobrasileños que dan vigor a sus canciones, desde la samba a
el baiao.
La samba se convirtió en una parte fundamental del vocabulario musical en todo
el mundo y recibió un impulso nuevo cuando una de sus variantes, más sosegada y moderna, la
bossa nova, fue conocida internacionalmente gracias a la película "Orfeo negro", de 1959.
Los músicos de jazz también ayudaron a popularizar aquella nueva música que tenía una
sincopa alegre, una armonía moderna y una engañosa sencillez. Al igual que la samba, la
bossa nova es ahora una parte importante del repertorio musical internacional, sobre todo en
el reino del jazz.
Al tiempo que la música brasileña influenciaba el jazz en el hemisferio norte,
en Brasil una destacada nueva generación de cantantes y compositores saltaba al primer plano
y creaban una ecléctica variedad de fuentes de dentro y fuera de Brasil, denominada
"música popular brasileña", que integraba ritmo, armonía y letra, dando como resultado una
de las músicas populares más ricas que jamás haya salido de un país. La música brasileña tiene
ante todo una profunda capacidad para conmover el alma. Su sonido y sus letras son un reflejo
de los brasileños, de su alegría o su tristeza desinhibidas, de su notable capacidad para
la celebración y del importante concepto de saudade.

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