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Corría el 1
de Enero de 1502 cuando los bajeles de una expedición portuguesa al mando de Gaspar de
Lemos entraba en lo que parecía el estuario de un gran río, por lo que el navegante
lusitano bautizó el lugar como San Sebastián del Río de Janeiro: era la gran bahía
de Guanabara.
Río fue casi durante dos siglos la capital de Brasil. Hoy es una inmensa
metrópolis con cerca de seis millones de habitantes y, aunque está muy cambiada, debido
a las mejoras y reformas, conserva su belleza, que reside en la curiosa
convivencia entre modernidad y exuberancia tropical. Una alquimia que se realiza
gracias también a las frondosas plantas que crecen hasta donde alcanza la mirada entre
los rascacielos del barrio comercial, pero sobre todo por los promontorios -montes, colinas,
"panes", "piedras" y morros- que sen encuentran en la Selva Tijuca, la mayor selva
tropical urbana del mundo.
Río conserva un estrecho vínculo con el pasado y con sus tradiciones, entre
las que sobresale el Carnaval que las escuelas de samba preparan durante todo el año
y que pueden visitarse de noche. De día, en cambio, en las playas de Río se repite
el espectáculo del que todos son protagonistas: Botafogo, Ipanema, Leblon, Flamengo, Arpoador,
Copacabana, Leme... Desde El Corcovado se puede disfrutar del incomparable espectáculo
de Río a 790 metros de altura, sobre el que se yergue la estatua del Cristo Redentor, obra
del escultor francés Paul Landowsky. También, al fondo, destaca el Pao de Açucar, de
394 metros y al que se puede subir mediante el teleférico de la Praça General Tibúrcio.

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